Un año más

El 31 de diciembre transcurrió como lo suele ser ya habitual en mi vida: Siendo un día emocionante.

Desde por la mañana las sensaciones, los nervios, la emoción…fueron transcurriéndose por el ansiado momento de volver a participar en la ya conocida San Silvestre Vallecana. Tener la ropa preparada, el chip, la pulsera, hidratarse, preparar una comida rica en carbohidratos constituyen ya, para mí,  un ritual en nochevieja tan importante como el de tomarme las uvas con cada una de las campanadas de la media noche.

A eso de las 4.30 de la tarde del 31 si uno sale a pasear por las calles de Madrid y sobre todo coge el transporte público, puede observar cómo la ciudad se transforma. Los trabajadores, los niños y los mayores desparecen durante un breve periodo de tiempo de las aceras de la capital y éstas son tomadas por un grupo de personajes en mayas, zapatillas y con la misma camiseta. Son los corredores populares de la San Silvestre.

Este año la San Silvestre Vallecana volvió a batir récord de participación, con un total de 40.000 corredores, de los cuales las mujeres han visto duplicado su número en los últimos dos años. Sin embargo, si bien es un aspecto a reconocer, el número de participantes en el evento, también sería necesario destacar que esto último dificultó mucho la carrera para los aficionados a estos eventos populares. No sólo aquellos que partían del último cajón hicieron la mayor parte del recorrido andando, sino que otros que salíamos de los cajones previos (<52, <55, <60), tuvimos dificultades para trotar a lo largo de la carrera.

Al margen de este aspecto la San Silvestre Vallecana no defraudó a los corredores. De nuevo las calles se poblaron de espectadores que esperaban ansiosos, con carteles de ánimo, choques de palmas, gritos de motivación, a los corredores populares del evento. El recorrido, pese a la poca iluminación, navideña y stándar de la capital, permitió tanto a unos como a otros disfrutar de algunos de los espacios más emblemáticos y bonitos de la ciudad.

Sin embargo lo más importante de la San Silvestre Vallecana no es el recorrido, ni la velocidad, sino que lo que la hace especial es esa manera particular de despedir el año. Así 40.000 corredores a las 5.30 de la tarde se citaron en el Santiago Bernabeú. Al igual que sucede a partir de las 12 de la noche, las líneas telefónicas estaban colapsadas. Los participantes intentaban encontrarse en lugares ya habituales de este evento como la gasolinera de Cepsa frente al Bernabeu, las torres de Caja Madrid o algunas de las puertas del estadio. Y es que si algo hace especial esta carrera es poder mirar a tu alrededor cuando las fuerzas te fallan y encontrar caras conocidas y desconocidas que te dan fuerzas para continuar hasta el final.

El día 31 de diciembre con la última de las campanas de la media noche, en todas las casas es habitual la misma estampa, recibir el año rodeada de la familia y los seres más queridos. Pues bien, el día 31 de diciembre a partir de las 5.30 de la tarde es habitual, justo antes de la salida, mirar a tu alrededor y encontrar seres queridos que sólo quieren hacer una cosa: Decir adiós un año más de la mejor manera posible- Corriendo.

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