PEQUEÑOS LUGARES CON ENCANTO

De vacaciones  y de viaje, SÍ, pero NO sin mis zapatillas.

Llegó el verano y con él las ciudades y el tiempo en España parecen haberse parado y vaciado. Las personas han abandonado y cerrado sus hogares, hicieron sus maletas y se dirigieron a lo desconocido: las vacaciones de verano.

IMG_20130628_195729No es poco habitual durante los meses de calor, y más en ciudades como Madrid, observar como poco a poco, cual una botella de agua se tratara, se va vaciando. Eso es el verano, un goteo constante de personas que vienen y van. Tras cuatro años de crisis económica donde algunas emociones como la alegría o las sonrisas parecen haber sido desterradas, sólo en momentos como las ansiadas vacaciones estivales, se muestran resquicios de su legado. Y es que pobres o ricos, sanos o enfermos, al inicio o al final de la vida, si en este país algo consigue devolvernos la sonrisa son las vacaciones.

Pensamos el trayecto, nos ilusionamos con el destino y soñamos con que llegue el momento de comenzar. Cuando eso sucede entonces sólo queda algo por realizar: Las maletas.

En función de adónde nos dirijamos la llenaremos de ropa para el agua, cremas solares, paraguas, ropa de vestir o informal…etc. Sin embargo, algo que al menos en las mías, vaya dónde vaya, nunca puede faltar son mis deportivas. Así pues este verano, en mi camino hacia lo desconocido me acompañaron mis zapatillas de correr.

De este modo pude disfrutar de un buen baño en la playa, de una pelea cara a cara con el oleaje del mar, de caminar por el campo y de deambular por pequeñas aldeas que me hicieron olvidar el tiempo y la situación actual. Sin embargo, si este año de algo pude disfrutar, fue de la experiencia de salir a correr fuera de la ciudad. Por primera vez desde que comencé a aficionarme con este deporte pude deleitarme con la sensación de tener el monte bajo mis pies. IMG_20130621_121903

Si correr, al menos bajo mi experiencia, me permite colocar en su sitio a los enanitos de mi cabeza, es decir, ordenar mis pensamientos, desestresarme y buscar soluciones a problemas importantes. Correr en un paraje como el anterior simplemente me hizo olvidar quién soy. Dejé al lado los problemas asociados al trabajo o a su ausencia, olvidé que existían unas personas llamadas políticos y sus problemas con la representación ciudadana, desterré las angustias de cuatro años de crisis sin ver ninguna salida, incluso enterré, al menos por un ratito, aquellos recuerdos que uno nunca puede abandonar. Durante los 30 o 40 minutos que el bosque me rodeaba simplemente importaba respirar.

Tras una sesión de running por el campo simplemente la sensación fue la de estar de vacaciones y entonces, la alegría, las sonrisas, la esperanza y las ganas de luchar aparecieron por sí solas. Unas emociones, que tras un buen entrenamiento, con sidriñas, cervezas o tintos había que celebrar. Y es que en vacaciones, otra cosa no, pero hay Tiempo para TODO

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