Caminando en linea recta no podemos llegar lejos.

deportistaSímil: Figura que consiste en comparar expresamente una cosa con otra, para dar idea viva y eficaz de una de ellas.

La vida es como una carrera de 10 km, comienza, se disfruta, se sufre y sin darte cuenta se termina.

Algunos de mis runners favoritos tras una carrera siempre lanzan al aire la misma pregunta:

“¿Por qué hace dos minutos estaba deseando que esto acabara y ahora ando pensando en la siguiente?”

Cada carrera es diferente pero de alguna manera todas son la misma. El inicio está repleto de nervios, producto de la inseguridad por haber entrenado correctamente o estar físicamente preparado y de la emoción por empezar un nuevo reto. Tras la señal de salida la mente  se concentra y trata de ponerse en consonancia con el cuerpo, momentos útiles para evaluar la adecuidad del ritmo, el calentamiento de los músculos y para disfrutar de la ciudad de una forma diferente.

A partir de este momento comienza la particularidad de cada carrera, el cuerpo parece funcionar sin esfuerzo permitiendo la concentración en otros aspectos como: los corredores o  el público; se entablan conversaciones, se trasmiten ánimos  y consejos e incluso se interactúa con aquellos que esperan vernos aparecer a lo largo del recorrido.

Y finalmente, a pocos kilómetros de la meta aparece el sufrimiento. El cuerpo comienza a estar cansado, la respiración se descontrola, se hacen visibles los dolores e incluso pueden aparecer las ganas de abandonar…elementos que dificultan disfrutar de la carrera e incluso cuestionar el motivo de la participación.

 deportista cansadoY es que una carrera de 10km es como la vida misma: comienza, se disfruta, se sufre y sin darte cuenta termina.

Por ello a pocos kilómetros de llegar a la meta siempre cierro los ojos y recuerdo uno de los motivos que me llevó a correr, recuerdo a las personas más luchadoras que me he encontrado en el camino, sus dificultades y la manera de superarlo y entonces pienso: Sí se puede.

Sin ser apenas consciente llega el final, la meta puede visualizarse a pocos metros de distancia y entonces tu cuerpo, motivado por una nueva ilusión, aumenta automáticamente el ritmo, los malos momentos quedan atrás y lo único que verdaderamente importa es terminar. Al cruzar la ansiada meta el orgullo por el trabajo bien hecho y por vencer a las vicisitudes, acompañado de un sentimiento de agradecimiento a aquellas personas que me motivaron a llegar, me embriagan de tal forma que tras un instante sólo puedo expresar:

 “Bien, y la siguiente ¿cuándo, cómo y dónde será?”

Quizá para muchos sea absurdo pero para mí una carrera de 10km es como la vida, comienza, se disfruta, se sufre y se termina. Por eso a veces, cuando no encuentro salidas o soy incapaz de saber qué camino tomar, cierro los ojos y pienso que estoy a pocos kilómetros de llegar a la meta dónde lo único que importará es volver a empezar y todo lo demás simplemente será historia, puesto que cuando me quiera dar cuenta, todo, habrá vuelto a empezar.corredor 2

A  mi pequeña corredora

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