Nunca digas…

¿Por qué comenzar a correr?

A lo largo de estos años han sido varias veces y muchas las personas que en algún momento me han preguntado ¿por qué no pruebas a salir a correr? Y mi respuesta en todas ellas ha sido siempre la misma: ¡NO, ODIO CORRER…!

No eran pocas las razones que me llevaban a esta respuesta:

La primera, no aguantaba ni para subir una cuesta. No eran pocas las veces que a los cinco minutos de empezar a correr, por no llevar la respiración de forma adecuada, tenía que dejarlo exhausta.  Hacía lo que los expertos llaman Ejercicio Anaeróbico, o lo que es lo mismo, que se te revolucionan las pulsaciones y se  des-regula la respiración. Consecuencia: Te Ahogas.

Sin embargo no era algo que me sucediera normalmente con otros deportes de fondo como la natación, dónde conseguía largos recorridos sin apenas esfuerzo.

La segunda, no comprendía cómo se conseguía desconectar la cabeza de lo mucho que sufría mi cuerpo, que si la respiración, que si me duelen las rodillas, ahora me entra flato…etc.

Hace ya unos cuantos meses, unas casualidades del destino me llevaron motu propio a salir una tarde a correr. Sin embargo y dadas mis experiencias previas, en esta ocasión decidí que no me pillarían desprevenida. Para ello y gracias a las nuevas tecnologías me informé en distintas páginas y blogs sobre todas aquellas dificultades que se habían presentado en las ocasiones previas. Y sobre todo de aquella que peor me lo hacía pasar: La Respiración.

Entre los muchos consejos que encontré uno de ellos me sirvió para aprender sobre este deporte y a controlar la respiración. Correr es en sí un deporte de fondo y hay que preparar al cuerpo para ello, por eso, es necesario ir poco a poco y plantearse pequeñas metas, comenzando por la respiración. Si quieres empezar a correr y no te ves capaz, comienza en velocidades lentas, terrenos blandos (parques), distancias y  tiempo cortos. De hecho algunos expertos defienden que por muy en forma que se esté no se está en buen estado para correr hasta que no llevas prácticamente un año trotando.

Asi que eso hice, salí al parque más cercano, me puse  mis cascos y me dispuse muy lentamente a correr como mucho 10 minutos. Lo primero que averigué fue que disfrutaba de mi ciudad de una manera diferente a la que se puede tener mientras caminas. Lo que me llevó a mi segunda conclusión, estaba tan emocionada con el hecho de disfrutar de lo que me aporta mi ciudad de otra manera que de pronto mis preocupaciones habituales habían desaparecido. Todo había dejado paso a un estado de buen humor. Lo que me llevó a la tercera y más importante, cuando me dí cuenta de las dos primeras fui consciente de que había aguantado 20 minutos corriendo sin parar, no me había ahogado y además había disfrutado.

Por eso a día de hoy sigo esperando con ilusión cada uno de los momentos en los que salgo a correr y por ello ya nadie me pregunta ¿por qué no pruebas a salir a correr?. Ahora la pregunta la hago yo.

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4 comentarios en “Nunca digas…

  1. Me siento absolutamente identificada con la primera parte. No se respirar, luego el resto es misión imposible.
    Buscaré esa información que comentas y veremos en que acaba la cosa.
    Besotes.

    Lourdes.

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